Este esfuerzo por conseguir que cada cual apruebe aquello que uno ama u odia es, en realidad, ambición; y así vemos que cada cual apetece, por naturaleza, que los demás vivan según la índole propia de él. Pero como todos lo apetecen a la vez, a la vez se estorban unos a otros, y todos quieren ser alabados y amados por todos, se tienen odio unos a otros. Benito Spinoza, Ética (III, Pr. XXXI, Esc.)
jueves, 28 de junio de 2007
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